Ordo Fratrum Minorum Capuccinorum 2

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updated 9:33 AM UTC, Dec 5, 2022

Nuestra vida de capuchinos

Las redes sociales son espacios o estructuras creados en Internet para facilitar la conexión basada en intereses o valores comunes. A través de ellas se crean rápidamente relaciones entre individuos y empresas, sin tener en cuenta las jerarquías o límites físico-temporales. Las redes ayudaron a las personas estar en una continua conexión, a crear relaciones más allá del tiempo y el espacio y para las agencias y las organizaciones poder tener la oportunidad de publicidad y encuentros on line. Pocas personas imaginaban que las redes sociales hubieran podido tener un impacto tal como el que tienen hoy. Pero el deseo de conectarse con otras personas en cualquier parte del mundo ha hecho estar, a las personas y a las organizaciones, más inmersas en las redes sociales.

Si es verdad que hizo al mundo más interconectado a una velocidad sin precedentes, también nos trajo el desafío de tener un instrumento en nuestras manos que muchas veces debemos aprender a usar.

La Iglesia y la Orden están abiertas al uso de las redes sociales, conscientes de que ello implica enormes desafíos para nuestra vida, pero comprendiendo que es esencial sumergirse en este nuevo mundo (nuevo continente) sin perder de vista nuestra misión e identidad. Nuestras Constituciones nos dan importantes indicaciones sobre el uso de estas nuevas tecnologías y en consecuencia de las actuales redes sociales.

«Los medios de comunicación social contribuyen al desarrollo de la persona y a extender el Reino de Dios. Sin embargo, su elección y uso requieren un criterio de madurez y moderación, evitando aquellas cosas contrarias a la fe, a la moral y a la vida consagrada» (Const 96,1)

La Iglesia y la Orden nos invitan repetidamente a entrar en este nuevo mundo de modo responsable y con criterios concretos, que no son otros que llevar la Palabra de Dios y afrontar pastoralmente estos nuevos espacios de evangelización. Nos invitan a entrar, conocer y reflexionar sobre estos nuevos espacios digitales, para hacer de ellos un buen uso evangelizador.

Desafíos de las redes sociales

Desafío de la identidad-libertad: sabemos que las redes sociales nos proporcionan un gran campo para hacer muchas cosas, poniendo a la libertad de expresión en los niveles más amplios con respecto a la vida real. En consecuencia, puedes expresarte y presentarte como quieras sin preocuparte de los criterios o de las opiniones de quienes están del otro lado de la pantalla. En las redes sociales casi no hay límites, con excepción de las políticas de privacidad de la empresa (red social) en la que estás inmerso. Los criterios de estas reglas son muchas veces enviadas simplemente a las leyes de comunicación de las regiones (muchas veces débiles) o a simples pareceres comerciales. Por ejemplo, la noticia de un joven de Buffalo que en mayo de 2022 pudo transmitir en directo mientras entraba en un supermercado acecinando a diez personas.

En definitiva, dentro de las redes sociales es posible eludir los contratos sociales que estamos habituados a considerar en lo cotidiano de vida social.

Como resultado del abuso del concepto de libertad, en las redes sociales apareció un problema normal, que la “doble identidad”. Es decir, poder presentarse de modo diverso a como se es en la realidad, que muchas veces tiene graves consecuencias para la persona y para quienes entran en contacto con ella.

Los riesgos más importantes del abuso de las redes sociales son, además de la dependencia, el acceso a contenidos inapropiados, las situaciones desagradables o la pérdida de la privacidad. De este modo, en las redes es posible acceder a contenidos pornográficos o violentos o trasmitir mensajes raciales, propensos a la anorexia, incitación al suicidio o a cometer delitos (carreras prohibidas de automóviles). “Existe también el riesgo de crear una identidad ficticia, enriquecida por un factor de engaño, autoengaño o fantasía. Entonces, por ejemplo, está prácticamente unido porque el adolescente se corta menos. Incluso, la confusión entre lo íntimo, lo privado y lo público se facilita”. (Becoña, E. (2006) Adicción a las nuevas tecnologías. Vigo: Ediciones Nova Galicia).

“Infobesidad”

En los últimos años se desarrolló una teoría antropológica como resultado de la saturación de información a la que estamos sometidos cada día en esta cultura ampliamente digitalizada. Es “infobesidad” o sobrecarga de información. Este es un fenómeno que generalmente se comprueba cuando la cantidad o la intensidad de las informaciones supera la capacidad limitada de nuestra humanidad para reflexionar o elaborar tales informaciones. Normalmente este tipo de situación se verifica hoy dentro de las redes sociales donde abunda la información visual, auditiva, noticias que muchas veces se encuentran a miles de kilómetros de distancia, comentarios negativos (Haters) o informaciones simplemente distorsionadas o no verdaderas (Fake news).

Esta ebriedad informativa en la que la abundancia de noticias (muchas veces inútiles, erradas o incompletas) y el límite biológico de elaboración de las mismas, produce en el ser humano una serie de reacciones como ansiedad, desinformación, aislamiento o por el contrario creer que es una reglamentación de la comunicación moderna y terminan encontrándose en la obligación de compartir todo lo que hago, pienso y digo, violando la libertad, la intimidad e incluso la identidad misma.

Como capuchinos, ¿cómo debemos estar en estos nuevos espacios digitales?

Privacidad: Antes que nada, es importante profundizar un aspecto que es constante en las redes sociales: el “personalismo”. Sabemos que los “perfiles” en las redes sociales son personales y podemos hacer lo que queramos con ellas. Sobre este aspecto debemos ser claros que, si bien estos espacios son personales, pertenecemos a una institución y tenemos la misión de mostrar al mundo un estilo de vida, un carisma. Por esto, nuestro modo de mostrarnos en este mundo debe ser como hermanos menores, porque nuestro objetivo de estar en estos espacios digitales es la evangelización y el testimonio de nuestra vida. De este modo, evitaremos, en muchos casos, transformar las redes sociales en lugares de fuga, más que en un lugar de encuentro.

Como estar: Nuestro modo de estar se basa en vivir el Santo Evangelio en todo momento, también en estos nuevos espacios digitales, que hoy más que nunca tienen la necesidad de nuestra presencia. Nuestro modo de estar en estos espacios no tiene otro objetivo que mostrar nuestro modo de vivir a través del testimonio y de nuestro modo de ser hermanos.

De esta manera, debemos hacernos presentes en las redes sociales, buscando establecer siempre relaciones transparentes que hagan presente la fraternidad evangélica y mostrando al mundo nuestro modo de ser menores, hombres de paz, a través de nuestras publicaciones, palabras y acciones.

Fraternidad: ser hermanos está al centro de nuestro modo de vivir, por esto nuestras fraternidades tienen un papel muy importante en el mundo en el cual desarrollamos nuestras redes sociales, es por lo que también resulta importante escuchar, si es necesario, los consejos y opiniones de nuestros hermanos sobre el modo como administramos estos espacios.

Una última propuesta: un claustro virtual

Sabemos que nuestra vida tiene una dimensión íntima y contemplativa, por este motivo muchas veces debemos limitar nuestras publicaciones y los espacios para entrar en las redes sociales, porque, si bien tenemos la oportunidad de publicar lo que queremos, es siempre necesario respetar algunos espacios que deben permanecer en la intimidad de nuestras relaciones fraternas. Recodemos que nuestro objetivo es testimoniar, pensar y cuidar a los más pequeños del reino. En nuestra vida cotidiana siempre deberíamos estar en estos claustros virtuales de desconexión e intimidad.

Fr. Francisco Javier Castillo Ramirez